La inocencia de aquel niño que nunca quiso crecer se debilitaba con el movimiento del segundero de su reloj de Mickie Mouse. Su asesino, un mundo lleno de injusticias y corazones que habían olvidado como sentir, disfrutaba con los intentos de esta por sobrevivir, por mantenerse en el corazón del chico, aquel chaval con mirada infantil del que todo desconoce y todo admira.Pero no todo estaba perdido, pues preveía la llegada de una luz, una luz que la salvaría de perderse entre las afiladas garras de un mundo no apto para Peter Panes...
